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La princesa infeliz

Ella era la princesa más avariciosa, rica y poderosa del mundo. Tanto, que podía y quería tener todo lo que a ella se le antojara. Pero había algo que se le escapaba, la felicidad.

Como la iban a coronar como reina, fue a visitar varios reinados para adquirir y poseerlo todo. Así pues, inició un recorrido por varias tierras.

La princesa del primer reino se veía feliz luciendo unos hermosos vestidos. Eran los más bellos del mundo. Así que ella compró todos sus vestidos, pero seguía sin ser feliz.

La princesa del segundo, vestía con las más bonitas y relucientes joyas del mundo. Así que ella se las compró todas, pero ésta seguía infeliz.

En el último reino, ella quedó maravillada. Sus pies estaban pisando el reinado más grande y hermoso, y además, estaba regentado por el más asombroso castillo de todos.

La princesa no sólo compró el castillo aquel, sino que también todo el reino. Pero de nada le valía tener tanto porque ella seguía estando muy triste.

De vuelta a su reino, desde la ventana de su carruaje miró a una mujer de viejos ropajes reía, mientras saltaba y se mojaba felizmente en un charco. Con una inquieta curiosidad la princesa se le acercó y le preguntó algo a aquella chica:

-¿Por qué eres tan feliz? ¿Qué es lo que tienes en tu haber? Que te lo compraré.

A lo que la mujer humildemente contestó:

-Ni este charco es mío porque es de usted. Es muy simple, para ser feliz sólo tienes que ser feliz.

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