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El joven escalador

-Voy a fracasar. Siempre me sale mal. ¿Y si no lo consigo? ¿Y si fracaso de nuevo? ¿Y si me hago daño?

Palabras que tanto se repetía aquel joven escalador antes de intentar subir la montaña más grande del mundo. Y tras cada fracaso, aún más sonaban en su cabeza. Más aún después de haberlo intentado cien veces.

Se decía que desde arriba se veía el más maravilloso y hermoso de los paisajes que nadie ha podido contemplar. Era tan alta, que nunca nadie había conseguido subirla, que sólo a través de la magia se podía enfrentarse uno ante tal hazaña. Así, que tras unos rumores que escuchó, el joven escalador fue a la casa del mago más poderoso de la tierra. Que según había oído, se encontraba en la base de la montaña de la izquierda de esta gran montaña.

Una vez allí, el poderoso mago le concedió la fortaleza mágica necesaria para conseguir subir una montaña de proporciones tan gigantescas. Y fue directo hacia la montaña.

Subió, roca tras roca, con una fortaleza que antes no tenía. Y aunque le costó, pudo con llegar a la cima y contemplar las mejores y más bellas vistas que pudo haber visto en su vida.

Bajando, se encontró con otro escalador que estaba intentando subir la montaña. Y lleno de felicidad, le contó que él venía de llegar a la cima gracias a los poderes que le concedió un poderoso mago que habitaba en la base de la montaña izquierda.

Sorprendido, el otro escalador, le dijo:

-¿Mago? Ese es mi padre, y es minero. El mago vive en la base de la montaña de la derecha.

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